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Cuentos con moraleja: "San José, abogado de la buena muerte"

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El día 2 de Enero de 1884, un anciano desconocido se presentó al cura párroco de una población de Francia, pidiéndole, por favor, que fuese a ver a una enferma que se estaba muriendo. No sólo el anciano indicaba la calle, casa y número, sino que también se ofreció a acompañar al sacerdote hasta la puerta de la casa.

La calle nombrada tenía muy mala reputación, el anciano era desconocido, y la oscuridad de la noche hacía que el ministro de Dios pusiera algún reparo a la invitación del visitante; más éste le dice:

—Es preciso que usted venga, y sin tardar, porque es cuestión de administrar los santos sacramentos a una pobre mujer que está agonizando.

Después de oír eso, el sacerdote no vacila ni un momento, y, acompañado del anciano, se pone en camino para cumplir con su deber.

La puerta de la casa estaba cerrada; y aunque era la de peor aspecto de toda la calle, pensó el sacerdote que Dios vino al mundo para salvar a los pecadores, así que tiró de la campanilla… No contestaron.

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Solemnidad de San José (19 de marzo)

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ORACIÓN A SAN JOSÉ

San José bendito tú has sido el árbol elegido por Dios no para dar fruto, sino para dar sombra. Sombra protectora de María, tu esposa; sombra de Jesús, que te llamó Padre y al que te entregaste del todo. Tu vida, tejida de trabajo y de silencio, me enseña a ser fiel en todas las situaciones; me enseña, sobre todo, a esperar en la oscuridad. Siete dolores y siete gozos resumen tu existencia: fueron los gozos de Cristo y María, expresión de tu donación sin límites. Que tu ejemplo de hombre justo y bueno me acompañe en todo momento para saber florecer allí donde la voluntad de Dios me ha plantado. Amén.

Si desea hacer el triduo a San José lo puede descargar desde este link: Triduo a San José

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Cuentos con moraleja: "Dejad que Dios sea Dios"

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Una de las cosas que más le cuesta al hombre de hoy, ensoberbecido como está por los grandes logros de la ciencia y de la técnica, es reconocer que es una criatura y que Dios es su creador. Esta actitud soberbia del hombre hace que haya perdido el sentido de la virtud de la religión, y sus relaciones con Dios ya no se hagan desde una actitud humilde, sino de igual a igual. Sí es verdad que el Señor nos dijo “ya no os llamo siervos, sino amigos”; pero de ahí a eliminar el respeto a lo sagrado y el sentido de que somos sus criaturas va mucho trecho.

Hasta hace unos cincuenta años, cuando la misa se celebraba sólo en latín y gran parte de la misa había que estar de rodillas, mantener esa posición nos ayudaba a reconocer que Dios era nuestro Señor y que de Él recibíamos todo lo que teníamos. Ahora, con la misa del Novus Ordo, donde se reduce la postura de rodillas a unos breves minutos durante la consagración, ese sentido de respeto a Dios se ha perdido bastante. Y no digamos, como ya está ocurriendo en muchas iglesias, cuando ni en el momento de la consagración los fieles se arrodillan, pues creen que eso es rebajarse y que no tienen por qué ponerse de rodillas ante nadie.

Esta forma de pensar y de vivir moderna le ha llevado al hombre actual a creer que es él quien controla todo lo que le ocurre, es autónomo en sus leyes, no depende de nadie y no tendrá que dar cuentas de sus acciones cuando la vida llegue a su fin.

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Domingo IV de Cuaresma (A) (15 marzo 2026)

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La Curación del Ciego de Nacimiento

(San Juan 9: 1-41) 

Los discípulos le preguntaron a Jesús acerca de un problema que les preocupaba: “¿Maestro, quien pecó, este hombre o sus padres, para que naciera ciego? Deberíamos adquirir la costumbre de preguntarle a Jesús cuando tengamos dudas, problemas o no sepamos qué hacer en nuestra vida. Él nos puede dar luz, fe, solución  y aceptación de los mismos.

La respuesta de Jesús fue muy clara: “Ni pecó éste ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”. Con mucha frecuencia nosotros pensamos que las malas cosas que les ocurren a las personas son consecuencia de sus pecados. En alguna ocasión puede ser verdad, pero no siempre. Muchas de las cruces que tenemos que “cargar” son consecuencia del amor de Dios y no de nuestros pecados. Él quiere compartir su cruz con nosotros.

A pesar de que Jesucristo les dio respuesta a esa pregunta hubo muchos que no la aceptaron: “No puede venir de Dios este hombre, pues no guarda el sábado”. El que había sido ciego intentó explicar lo que le había ocurrido pero tampoco aceptaron su respuesta: “¿Acaso intentas enseñarnos a nosotros, tú que eres pecador desde tu nacimiento?” Y es que cuando nuestro corazón está cerrado a la verdad, aunque sea el mismo Dios quien nos hable, nunca escucharemos su respuesta.

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Domingo III de Cuaresma (A) (8 marzo 2026)

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Jesús y la Samaritana (Jn 4: 4-45)

El evangelio de hoy nos cuenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Los apóstoles habían ido a un poblado cercano para comprar algo de comida. Jesús, cansado del camino, se quedó junto al brocal del pozo de Jacob.

En esto que llega una mujer samaritana a buscar agua. Eran como las doce del mediodía. Jesús, sediento, le pide agua. La mujer samaritana se extraña de que un judío hable con un samaritano (entre ellos no se hablaban). Para Jesús no hay extraños ni enemigos. Esta mujer era pecadora; pero Jesús se acercó a ella para ayudarle a salir de su pecado.

Jesús le pide a la samaritana agua para calmar la sed y le ofrece a cambio un “agua viva” que le calmará “la sed” para siempre. Pero para poderle dar esa agua viva hay un obstáculo, la mujer vivía en pecado, había tenido cinco maridos, y con el hombre con el que ahora vivía no estaba casada. Jesús se lo hace saber. A través de estas palabras, la mujer le reconoce como profeta. La mujer dice que el pueblo estaba esperando la inminente llegada del Mesías. Jesús le responde diciendo que Él es el Mesías esperado.

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Cuentos con moraleja: "Un buen ejemplo"

2 mayo 1808

Hace años, cuando yo era adolescente, recuerdo que mi abuelo me solía contar historias que habían ocurrido en mi pueblo natal en los tiempos de la Guerra Civil Española; aunque yo me imagino que estas historias eran contadas por la gran mayoría de abuelos de esa época en España.

Fueron años muy difíciles para cualquier cristiano que quisiera mantenerse fiel a su fe. Yo mismo tuve un tío sacerdote a quienes los milicianos le cortaron una pierna. Mi padre me contaba las miles de cosas que tuvieron que hacer para ocultar a unas monjas de la caridad que había en mi pueblo en unas bodegas de mi casa.Tabién me contaba que tenían que evitar cualquier manifestación de culto público, o lo que tenían que hcer para paliar el hambre… Cosas que ahora pueden sonar a “cuentos”, pero que fueron totalmente reales. Cosas que hicieron sufrir a todo un pueblo, pero que al mismo tiempo reforzaron su fe, le ayudaron a agarrarse a la cruz de Cristo y vivir siempre preparados, pues nunca podían saber si el nuevo día que alboreaba sería el último de su existencia.

Recuerdo también historias de sacerdotes y religiosas que eran metidos en barriles de vino y echados a rodar por las laderas de un monte que hay detrás de mi pueblo, mientras los milicianos iban disparando tiros a mansalva para ver quién conseguía matar al que iba dentro rodando antes de que el barril se desplomara por el acantilado.

Siempre me gustó leer libros sobre la Guerra Civil Española para así no olvidar a los mártires de nuestro pasado y al mismo tiempo aprender de los errores de nuestra historia con el fin de no volverlos a cometer. Como reza la frase que según parece dijo Cicerón: “El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

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Cuentos con moraleja (Volumen 1)

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